Abuelo en Café de Diseño

Un abuelo va con su nieto a un café de diseño, esos lugares modernos que parecen más una galería de arte que una confitería. El abuelo nunca había estado en un sitio así; lo llevó el nieto para que conociera, curioso de mostrarle un ambiente distinto, con lámparas colgantes, mesas de madera reciclada y baristas que hablaban de granos como si fueran joyas.
Se sentaron en una mesa junto a la ventana. El nieto pidió dos cafés, uno para él y otro para su abuelo. El mozo trajo las tazas con una presentación impecable: espuma dibujada, vaso de agua en copa fina y una servilleta doblada como origami. El abuelo miraba todo con atención, sorprendido por tanto detalle para un simple café.
Cuando llegó la cuenta, el abuelo abrió los ojos. El precio era altísimo, mucho más de lo que imaginaba para dos cafés. El nieto lo miró con cierta incomodidad, pero el abuelo, con calma, sacó su billetera y pagó, intentando disimular su sorpresa.
El nieto se levantó y fue hacia la puerta, convencido de que la experiencia había sido suficiente. Al salir, notó que faltaba el abuelo. Se tranquilizó al verlo, pero observó que el hombre aún seguía sentado, mirando al mozo con impaciencia. Volvió y le preguntó:
—¿Abuelo, qué esperás?
—La escritura.





