Todo tranquilo en el banco

Era una mañana serena en el pueblo. El sol se filtraba entre las ramas de los jacarandás y el aire fresco traía olor a pan recién horneado desde la panadería de la esquina. Don Esteban paseaba con su perro Baltazar, como hacía cada día, caminando despacio por la vereda principal. 

Saludaba a los vecinos que levantaban las persianas metálicas de sus negocios, se detenía a mirar las vidrieras y disfrutaba de la calma que siempre reinaba a esa hora.

El perro tiraba de la correa cada tanto, curioso por los aromas de la calle, y Don Esteban lo dejaba olfatear tranquilo. 

Al llegar frente al banco, distinguió al guardia de seguridad parado en la entrada. Fiel a su costumbre, se acercó para darle el saludo de cada mañana.

—Hola, ¿cómo anda? —preguntó Don Esteban con una sonrisa.
—Bien, todo tranquilo —respondió el guardia, acomodándose el uniforme.

Don Esteban se detuvo un instante, acarició a Baltazar y agregó:
—¿Y cómo van las cosas en el banco?

El guardia, con tono sereno, contestó:
—Todo tranquilo, andamos buscando un cajero.

Don Esteban lo miró sorprendido.
—¿Pero no habían contratado uno hace tres meses?

Precisamente a ese es al que estamos buscando.


 

LA YA PA

 

dr de 3 a 7


 

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